Fenómenos emotivos

Al ir en este momento por una chamarra olvidada en el carro recuerdo mi primera fechoría de niño: pensar que si la ponía encima del calentón se le quitaba lo frío inmediatamente.

Incendié mi chamarra favorita de piloto aviador.

En su piel beige clara del interior, tenía impresas rutas aéreas alrededor del mundo. Mis viajes quedarían chamuscados por muchos años encima de las rejas del aparato calentador, pero lo bueno que teníamos niñera para que se diera cuenta, por que yo la había dejado allí como si se tratara de un microondas eléctrico.

Mi chamarra actual sería más como de guerrero espacial que de aviador, si la hubiera visto mi propia persona cuando fuese niño.

La ropa puede tener un gran valor emocional, para el que aún se las otorga.

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