«Escribo en primera persona, pero no siempre soy yo.»

Crimen Gustavo Cerati

Yo le decía “Robbie Williams” a la canción. De hecho, fue un tema que se llamaba “Celos” y que le había mandado a Shakira por si le interesaba grabarlo para su álbum. Los músicos de la banda me insistieron mucho en que la hiciera, pero yo me resistía un poco: la veía al borde de lo burdo. Pero en este disco traté de hacer las cosas sin miedos y sin prejuicios. No le di mucho espacio a eso.

Sabía que la letra hacia donde apuntaba era algo “destrozacorazones” y eso era lo que quería hacer y más allá de una situación autobiográfica o no, siempre ocurren esas especulaciones. La verdad es que siempre pienso que cuando las relaciones se terminan, hay algo de crimen irresuelto en ellas. Es decir, uno se da cuenta de que hay muchas cosas por las cuales cometió ese asesinato también, aunque parece que el cuchillo lo clavó otra persona y eso nos hace doler, pero en realidad somos protagonistas también de ese “crimen”. Y entonces es un poco esa impunidad que queda, esas cosas que quedan ahí flotando, que uno dice: “¿Qué pasaría si hubiera sido de otra manera?

Me gusta mucho escribir sobre conflictos de relación. No lo puedo evitar… me atrae, aún cuando no tenga esos conflictos. De hecho, “Crimen” salió en un momento de felicidad absoluta en mi vida. No era el artista deprimido que escribía una canción triste, y hasta me divirtió en este disco jugar con ciertas situaciones clásicas. Pero siempre van a tener una idea autobiográfica de mis letras.

Siempre sucede que, al ser una persona conocida, están las preguntas “¿con quién está?”, “¿con quién no está?, “¿con quién va a estar?”, y parece que las relaciones son directas con eso. Y a veces me inspiro en cosas que están fuera del tiempo y del lugar. La canción es un rompecorazones de entrada, una especie de puñalada, pero yo estaba en una situación muy feliz. En un momento habla de “los celos otra vez” y remite a “Muchacho celoso”, el tema de John Lennon, que para mí es la canción de amor por antonomasia. Como artista, puedo recrear o imaginar una situación, aunque no esté pasando por ella en ese momento. Y me hago carne de eso, porque cuando estoy escribiendo, hay momentos en que hasta se me llenan los ojos de lágrimas. Si analizás la letra, es una sensación de esa pérdida, que queda inconclusa en términos de explicaciones. “¿Qué otra cosa puedo hacer?”, dice la canción. Lo aclaro por que después empiezan las suspicacias.

Se ha dicho barbaridades que, obviamente, no salí a desmentir. Siempre, desde chico, entendí que la canción como hecho artístico es un disparador de sensaciones que va del autor a quien la escucha. No se trata de algo matemático, pero tampoco de un diario personal cantado. Siempre hay algo de terapia, pero hablamos de cuestiones universales. Hay una tendencia amarillista en la prensa, incluso en la especializada en música. Esto lo he sentido en carne propia, sobre todo, en los últimos años. En definitiva, lo que se hace es bastardear lo que uno escribe, además de subestimar al oyente, como si la gente comprara discos para escuchar el diario de mi vida. No voy a negar que todo pasa por el tamiz de una experiencia personal y de la óptica que uno tiene de la vida, pero muchas veces es más imaginación que otra cosa. Escribo en primera persona, pero no siempre soy yo. Considero que es una lectura bastante simplista pensar que uno escribe sobre uno.

Lo único que me importa es que esa canción, una vez que la suelto, le sirva a alguien para su propia experiencia, para lo que sea, ni siquiera me cuestiono su posterior utilización, desde la más bastarda hasta la más importante. Hay gente a la que le ha salvado la vida una canción en un momento terrible y otra gente a la que no le importa en lo más mínimo. A todos les llega pero no de una manera igual. En el aire están sonando todas esas canciones, así que no me puedo hacer cargo de lo que le parezca a uno u otro. Lo único que puedo decir es que, cuando yo escribo, no tiene nombre ni apellido, no es un noticiero de mi vida, nunca lo es. Muchas cosas las altero temporalmente y me las imagino, y no me pasaron ni me pasarán, pero si no hago ejercicio de mi imaginación en la composición, ¿cuándo lo voy a hacer? Es la única oportunidad que tengo de ser niño concretamente, siendo creativo, como si estuviese pintando, es el momento más infantil y más genial de todos.

Gustavo Cerati, sobre “Crimen”, 2006. Feliz es el día como el de hoy; el de su nacimiento.

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